lunes, 25 de enero de 2016

¿UNA NOTICIA DEL PASADO PUEDE DESTRUIR LA FELICIDAD DE 45 AÑOS DE MATRIMONIO?



¿LA FELICIDAD TIENE FECHA DE CADUCIDAD?



Una película como «45 años» es una gran película, directa, formalmente sencilla de Andrew Haigh, como lo fue “Weekend” (2011) donde  retrataba 48 horas la vida de una pareja homosexual.

 Es casi un documental, tan real como la vida misma. En este caso, de la vida en pareja de dos personas mayores, con dos actores espléndidos, cuya acción transcurre de lunes a sábado, haciendo los preparativos para la celebración del 45º aniversario de casados.

Sin embargo, un hecho fortuito, sucedido muchos años atrás, altera sus vidas, agrisando, marcadamente, la suave convivencia de lo cotidiano y del paso del tiempo.

Las noticias, que llegan de Suiza, consiguen romper la rutina diaria, acentuadas con la escena del desván, donde Kate, interpretada magníficamente por Charlotte Rampling, descubre más secretos del pasado de su marido, también extraordinario, Tom Courtenay, que le inunda de sorda tristeza y profunda desconfianza.

Éste es el argumento, cuya idea esencial o leitmotiv viene a decir que un suceso del pasado puede romper la estabilidad vivida por una pareja durante «45 años».


 ¿Es aceptable esta idea?

Yo diría que es posible, cuando esa relación y felicidad de pareja están poco CONSOLIDADAS,  montadas desde la superficie y no, de la comunicación y comprensión mutua. Pero será más difícil que ocurra, cuando la relación y la felicidad son SÓLIDAS.

¿Qué entiendo por felicidad y por solidez?

La felicidad es, para mí, una NAVE DE DOS MANDOS. Uno, de PROPULSIÓN, que permite degustar o dar brillo a lo que ocurre o puede ocurrir y el otro es de FRENADA, con el que se logra encajar lo que no ocurre o lo que ocurre como no debería ocurrir.

Esos dos mandos están formados por el engranaje de estrategias de pensamiento y de  emociones que, cuando se hacen habituales, se convierten en MOLDES MENTALES, tal como he defendido en mi línea de investigación psicológica.

Los moldes o patrones mentales los vamos construyendo con nuestras experiencias, aunque haya ciertas predisposiciones iniciales.

Lo que hemos venido demostrando con la extracción factorial de los 30 moldes, recogidos en 10 paquetes, y distribuidos en 3 embalajes de formas distintas, es que ellos predicen lo que hacemos o vamos a hacer. Predicen nuestro rendimiento, nuestra forma de relacionarnos, nuestra forma de actuar o  nuestra felicidad. Es verdad que no es al 100 por 100, pero marcan una importante probabilidad.

Desde esta perspectiva, se me hace difícil aceptar la idea esencial o leitmotiv de la película «45 años», si se parte de la base de que la pareja era equilibrada, tolerante y feliz. En cambio, me resulta plausible si admito que la relación estaba cogida por alfileres. Porque, ¿cómo es posible que durante 45 años hayan mantenidos, día a día, unos moldes mentales de positividad y tolerancia a las contrariedades y, luego, por una noticia, generadora de celos, se derrumbe la relación?

Él trata de hacer «de tripas corazón» de su pasado y celebra con entusiasmo y amor su 45 aniversario de casado, pero ella, en la última escena del baile, con la misma melodía, de The Platters, en que se conoció la pareja, “Smoke gets in your eyes”, calladamente saboreaba la amargura.

  ¿Eso puede romper su sistema de MOLDES MENTALES de PROPULSIÓN Y FRENADA y, por lo tanto, SU FELICIDAD EN EL FUTURO?


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